Europa debe esperar
El poco fuelle del Racing, que dio por bueno el
empate desde el primer minuto, y la inoperancia del Fútbol Club
Barcelona, que tras colocarse con dos goles de ventaja sobre el Mallorca
se 'dejó' ganar el partido, provoca que los racinguistas tengan que
esperar. Las cuentas se complican de cara a la clasificación europea.
Tanto miedo y tanto hablar durante la semana y al
final ambos equipos salieron al campo como si el encuentro fuese un
‘bolo’ de pretemporada. Sin intensidad, sin la garra de la que Racing y
Athletic presumen, y que se presupone a un partido de esta índole.
Los racinguistas, con una defensa de circunstancias,
tuvieron bastantes problemas, especialmente en los laterales, para
detener las acometidas de los extremos vascos. En especial Pinillos, que
le tocó bailar con la más ‘fea’ del Athletic, el habilidoso Markel
Susaeta.
El choque comenzó sin apenas acercamientos de ambos
conjuntos y con un Racing de Santander tranquilo por la escasez de
peligro en su propio área. Sin embargo, era preocupante la sequía de
balones que recibían jugadores claves en este equipo, como Jorge López,
Smolarek, Munitis o Serrano. Pocos y malos.
Fue el propio Susaeta quien dispuso de la primera
ocasión para los ‘leones’. El fino jugador se marchó de Pinillos, entró
en el área, y su disparó se estrelló en la cepa del poste de Toño. El
cancerbero fue protagonista, cuando a la salida de un corner rojiblanco,
salió ‘a cazar mariposas’. Suerte que los delanteros rivales no
estuvieron mucho más acertados que él.
Poco peligro más en las dos áreas. Sin embargo, un
dato preocupante a la llegada del descanso. En un partido de guante
blanco, los verdiblancos acumulaban ya, cuatro tarjetas. Desde el túnel
de vestuarios se comenzaban a escuchar los rugidos del ‘león’, Tchite.
La segunda mitad comenzó con más de lo mismo. El
Athletic dominaba tímidamente, mientras el Racing se limitaba a esperar.
Marcelino dio entrada a Tchité y a Sergio Sánchez y las intenciones eran
claras: defender el empate.
Mientras, desde Barcelona las buenas noticias pasaban
a ser no tan buenas con el empate del Mallorca, que postergaba la
clasificación europea hasta la última jornada.
Mientras los cántabros cerraban filas, Caparrós
sacaba a toda la artillería y ponía en liza a Aduriz y a Yeste en busca
de un gol que 'arruinase' los sueños del Racing, más que por el afán de
conseguir los tres puntos.